Jorge

  • ¿Por qué Dios juega a las escondidas?

    Es tal su majestuosidad que, si nos disculpan el atrevimiento, podría entenderse como un desaire que no se manifieste al menos ante los intérpretes, en gesto de amable reciprocidad con semejante homenaje a su grandeza.

    Este ha sido en parte el motivo por el cual pasé de una infancia en la que Dios ocupaba la totalidad de mi existencia (alguien me dijo “Dios vigila hasta tus pensamientos” y eso fue suficiente), a un escepticismo que con el paso de los años vine a entender como la saludable postura del agnóstico, o sea la de quien está más cerca del ateísmo que de una fe religiosa pero se niega a creer que no exista un creador o arquitecto del maravilloso universo que nos rodea.

    Me niego a creer, digo, pero termino por creerle a la ciencia cuando se manifiesta –esta sí- para afirmar que hasta ahora no se conoce una sola prueba verificable de la ‘presencia’ de Dios en el planeta que habitamos. No por ello dejo de asignarle un campito a la eventualidad de que en efecto exista pero le guste jugar a las escondidas, pues con solo pensarlo se abre una rendija a la esperanza de que un día nos muramos y… bueno, ustedes entienden: que una divinidad no inteligible a nuestros sentidos terrenales nos reciba al otro lado, algo por el estilo.

    Sea como fuere, lo que hoy me acerca al agnosticismo es el hecho de que Dios desde el principio de los tiempos hubiera decidido permanecer oculto, excepto algunas eventuales apariciones de las que no existe registro visual, fonográfico o arqueológico diferente a las versiones de quienes afirmaron haber recibido su visita.

    Es el caso de Moisés, por ejemplo: él llegó un día a su aldea a contar que mientras apacentaba las ovejas de su suegro Jetro se prendió en llamas una zarza y desde allí le habló el Señor, quien le habría dicho: “he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto y he escuchado su clamor, pues estoy consciente de sus sufrimientos. Así que he descendido para librarlos de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra que mana leche y miel” (Éxodo 3:3-17).

    La gente le creyó a Moisés, tuvo fe en sus palabras y a los ojos de todos se convirtió en el representante de Dios sobre la Tierra, y arropado en su condición de líder descubrió que eso era bueno, porque le daba poder sobre los demás hombres (y mujeres), pero a la vez le significaba una enorme responsabilidad. Y he aquí que nació la política, directamente emparentada con la religión: en ese punto de la historia del pueblo hebreo, la personificación de Jehová en una llama ayudaba a los judíos a calmar una angustia, a paliar una urgente necesidad de supervivencia.

    Moisés aparecía como mensajero de la divinidad para infundirle moral a la tropa, digamos. Se valió de ese clamor para asumir como propia la lucha de su gente, y eso fue lo adecuado a la coyuntura que atravesaban. Ahí el relato bíblico nos muestra a un hombre con una visión política de auténtico líder, que se vale de un sentimiento religioso (la fe en algo que los salvará) para conducir un legítimo anhelo de liberación de su pueblo.

    Pero también es legítimo preguntarse: ¿y si en lugar de aparecérsele a uno solito, el Señor se les hubiera aparecido a todos como general al frente de sus batallones o hubiera aplastado en un santiamén al Faraón opresor mandándole por ejemplo una sobrecarga eléctrica en un rayo para que pareciera accidente, en lugar de haber permitido que padecieran tantas penurias desde el momento de la zarza en llamas, pasando por las siete plagas, hasta cuando por fin lograron abandonar a Egipto en busca de la Tierra Prometida?

    Y si era y sigue siendo su pueblo elegido, ¿por qué el asunto permanece sin solución a la vista y esos mismos hijos de Israel que fueron oprimidos por el Faraón aparecen ahora invadiendo y oprimiendo a Palestina? ¿Por qué en lugar de dejar que se maten entre judíos y palestinos, Dios –el que sea- no aporta alguna solución salomónica que traiga el milagro de la paz a tan convulsionada región? ¿Quién o qué se lo impide? ¿Y cuál sería la dificultad en aportar los “ríos de leche y miel” prometidos, no para unos cuantos sino para todos?

    Desde el principio de la humanidad hay algo que no funciona, pues no se cansan de decir que “Dios todo lo puede”, pero basta con mirar el mundo actual desde una óptica desprevenida de cualquier prejuicio religioso para comprobar con ojos atónitos que, sin ánimo de ofender, es muy poco lo que puede. ¿Por qué Jesucristo resucitó a Lázaro y le devolvió la visión al ciego, pero nos dejó la dolorosa muerte y no desterró para siempre la ceguera, la locura, la migraña o el Alzheimer? ¿Por qué las mujeres son seres inferiores en todas las religiones y en ninguna ocupan puestos de jerarquía? ¿Será acaso porque los guerreros siempre han sido los hombres y resuelven las cosas entre ellos, así que crean los dioses a su imagen y semejanza?

    Y la pregunta que desde niño me desvela: ¿por qué Dios no se aparece en vivo y en directo al planeta entero y resuelve de una vez por todas quién es el único y verdadero, si el Yahvé de los Judíos o el Jesucristo de los Cristianos o el Mahoma de los musulmanes o el Brahman de los hindúes o el Zeus de los griegos o el Júpiter de los romanos (“padre de dioses y de hombres”) o el Quetzalcóatl de los toltecas?

    ¿Por qué Dios no se cansa de jugar a las escondidas con esta humanidad agobiada y doliente, y resuelve de un plumazo el misterio manifestándose en cuerpo y alma, con lo que tenga puesto para ese día? ¿Cuál es el bendito propósito de permanecer eternamente clandestino, alimentando así las sospechas de quienes afirman que su silencio sepulcral es la prueba reina de que nunca ha existido? ¿Hasta cuándo piensa tenernos en semejante incertidumbre, ah?

    DE REMATE: Para acabar de atizar la hoguera, al cierre de esta columna se ha sabido que según la viceministra de Exteriores de Israel, Tzipi Hotovely, "toda la tierra del Mediterráneo hasta el río Jordán es nuestra, porque nos la dio el Creador". ¿Cuándo comenzó la involución de humano a pitecántropo, que nos cogió desprevenidos?

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  • Acabarán hasta con el nido de la perra

    Llegué a Bucaramanga, donde me recibieron Andrés Almarales, presidente de UTRASAN, y el médico Carlos Toledo Plata, ambos vinculados a la ANAPO del general Gustavo Rojas Pinilla. Ellos me trasladaron hasta la sede de la empresa, en cercanías de San Alberto (Cesar).

    Almarales y Toledo eran miembros del M-19 desde la clandestinidad, pero yo no lo sabía. Ambos ofrecían un llamativo contraste, pues mientras el galeno era de temperamento sereno y palabras medidas, el dirigente sindical destilaba un odio de clases incontenible y se expresaba con frases cargadas de altisonante bilis, como la que le escuché y hube de recordar el 6 de noviembre de 1985, cuando supe que él comandaba la toma del Palacio de Justicia en Bogotá: “¡Hay que darle a la burguesía por el culo!”.

    Ese mismo odio de clases se le ve a la cúpula de las FARC, a raíz de las derrotas militares que han sufrido y tras el levantamiento de su cese unilateral del fuego. Ahora se han venido con todo, pero no con acciones de combate sino mediante ataques contra la infraestructura energética y petrolera o con atentados cobardes desde un matorral, como el más reciente contra el comandante de Policía de Ipiales, coronel Alfredo Ruiz Clavijo, y el patrullero Juan David Marmolejo, a quienes según Medicina Legal remataron con tiros de gracia en el rostro. Y no contentos con lo anterior, asesinaron también a un civil que cometió el error de pasar en moto por el lugar equivocado a la hora menos indicada.

    Traje a colación la toma del Palacio de Justicia porque en aquella ocasión actuaron llevados por la desesperación, impelidos por la urgencia de hacer demostraciones de fuerza para emparejar las acciones. Entre los años 84 y 85 el Ejército se opuso de manera abierta a los diálogos de paz que el gobierno de Belisario Betancur adelantaba con M-19, y realizó ataques contra los lugares donde esa guerrilla se había concentrado. En respuesta ese grupo intentó secuestrar al comandante del Ejército, general Rafael Samudio, y 15 días después lograron colarse al Palacio de Justicia (o los estaban esperando…) con la delirante pretensión de hacerle un juicio al Presidente de la República, sin calcular que habían encendido en el estamento militar la ‘ira e intenso dolor’ que les dio justificación para la retoma salvaje durante la cual arrasaron hasta con el nido de la perra, sin compasión alguna con los magistrados de la Corte Suprema y demás civiles que quedaron atrapados entre el fuego cruzado o en condición de rehenes.

    Hoy las FARC están empeñadas en demostrar que no conocen la historia, pues con sus medidas desesperadas de retaliación (ojo por ojo) parecen condenadas a repetirla. La posibilidad de lograr una paz concertada pende de un hilo cada vez más delgado, en un pulso demencial donde se ve a los dos bandos tirando cada uno con ímpetu desde su lado, como si quisieran reventarlo.

    La arremetida de la guerrilla tiene el propósito de forzar al gobierno a aceptar un cese bilateral del fuego, pero están buscando el ahogado río arriba. El modo en que afectan a la población civil y al medio ambiente es cuchillo para su propio pescuezo, pues aumenta su desprestigio mientras son empujados por ‘el enemigo’ a actuar a la medida de sus expectativas. Hay una bestia sedienta de sangre, y las FARC parecen los borregos dispuestos en su orgullo guerrero a satisfacer el pedido.

    El día que el presidente Juan Manuel Santos se vea obligado a ordenarles a sus negociadores que se levanten de la mesa y retornen a Colombia, los amigos de la guerra no cabrán de la dicha, pues se les habrán salvado los enormes beneficios –económicos y políticos- que obtienen con la confrontación armada. Ese día el país se unirá en un solo clamor para exigir que “¡acaben con todo lo que huela a guerrilla!”, Santos pasará a ocupar el mismo lugar deshonroso de un Belisario Betancur o un Andrés Pastrana (otro que tampoco pudo), y el próximo presidente de Colombia será impuesto una vez más por la imbecilidad de las FARC y las promesas recargadas de venganza de Álvaro Uribe.

    Si las cosas siguen así, sobre los escombros físicos y morales del que fuera un bello país pero atravesado en enésima ocasión por la brutalidad de dos fieras enfrentadas a muerte, habremos de recordar al comediante Hebert Castro cuando recitaba su estribillo: “Se les dijooooo, se les advirtióoooooo, se les recomendóooooo, pero no hicieron casoooo…”

    Y será tarde para el arrepentimiento, porque habrán arrasado de nuevo hasta con el nido de la perra.

    DE REMATE: Los señores de las FARC deberían poner en práctica esta idea que proponen las señoras Tola y Maruja: "Ustedes ganarían simpatía, o por lo menos respeto, si nos mandan a sus compatriotas una foto parados junto al carrotanque o al pie de la torre y con esta leyenda: Pudimos hacerlo, pero queremos la paz".

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  • Desde niño mis tíos me decían Bacteria

    Jaime Andrés Poveda “Bacteria” habla de cómo
    nació su remoquete y de cómo lo sucedido con
    Charlie Hebdo estremeció a los caricaturistas colombianos.

     

    Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)

    - El "mono" de Yidis en el baño presidencial demostró que ella tenía razón ¿ es así?

    - Quedó demostrado que la cucaracha se arrastró.

    - ¿A veces una caricatura sale sin pensarse sino que aparece de una?

    - En Colombia la realidad supera la ficción, las noticias me generan risa, creo que los noticieros colombianos son el mejor programa de humor, tan solo hay que verlos para que las caricaturas aparezcan.

     - ¿Hay drama cuando un "mono" no sale como debe salir y en el periódico lo esperan con afán?

    - No es frecuente que me suceda eso, yo tengo muy presente la hora de entrega y si tiene mucho trabajo el dibujo, trato de hacerlo con días de anticipación, aunque si llega a suceder, en ese caso llamo al editor y le pido un poco de tiempo.

    - ¿Es mejor ser Bacteria que Jaime Andrés Poveda?

    - Si me hubieran hecho esa pregunta hace un tiempo mi respuesta seria otra, pero hoy puedo decir que es mejor ser Jaime Andrés

    - ¿Cómo surgió la idea de Bacteria?

    - Desde niño me decían así mis tíos. La historia comienza cuando en la clínica que nací había una bacteria y habían recomendado tener mucho cuidado con las visitas; mi abuela materna no prestó atención a las indicaciones y contrajo una bacteria que al poco tiempo le causó la muerte; yo fui el último nieto que ella conoció, así que siempre me decían que lo último que había visto mi abuela había sido una "bacteria", Y me acostumbre al remoquete, años después cuando entré al mundo de la caricatura me quedo muy fácil firmar "Bacteria"..

    - ¿Hay todo tipo de bacterias, ¿pero la suya es peligrosa para ciertos políticos?

    - Peligrosa no creo, yo diría que es incomoda. -

    ¿Ha habido políticos que se han molestado con sus caricaturas?

    - No se si muchos, pero he visto que han sido varios los que han expresado su molestia en mensajes a El Espectador o a mi correo; por allí han pasado senadores, candidatos a la presidencia, alcaldes, en ocasiones militares.

    - ¿A veces se autocensura cuando cree que es muy "dura" la propuesta?

    - Muchas veces, normalmente la idea de la caricatura sale en la noche y en la mañana la dibujo, pero al momento de hacerlo me doy cuenta que me pasé y allí comienza el problema para replantear el dibujo.

    - ¿En alguna ocasión lo han censurado en el periódico?

    - Nunca. Debo decir que Fidel Cano ha sido muy respetuoso con mi trabajo, hay caricaturas con las que no esta de acuerdo y que no le gustan y aún así salen publicadas. Hasta el día de hoy no le han cambiado ni una coma, hay momentos en los que la caricatura se ha ido con errores y ellos la publican tal cual, debo agradecer a El Espectador por la libertad que me han dado.

    - ¿Cómo se inició en el mundo del humor gráfico?

    - Desde niño recortaba las caricaturas de Ofit y de Quino, al ver ese magnifico trabajo comencé a copiarlos, desde ese momento no he parado de dibujar.

    - ¿Si no hubiera sido caricaturista, qué profesión habría seguido?

    - Carpintero.

    - ¿Qué es lo que fascina de este tan especial oficio?

    - El poder decir lo que muchos piensan y no tienen dónde expresarse, el resumir tantas palabras en un dibujo, el dar "mi opinión"..

    - ¿Alguna vez ha pensado en "tirar la toalla" y dejar a un lado el mundo de los lápices y los pinceles?

    - Si lo pensé, pero hoy doy gracias a Dios y a la vida por esta labor. - Aún sentimos lo sucedido con Charlie Hebdo

    ¿Cómo vio esa reacción tan violenta?

    - No podía creer lo que había sucedido, la intolerancia había dejado huella, estos hechos te tocan, te hacen evaluar tu trabajo, en Colombia menos mal no hemos llegado a tal punto por una caricatura, y como caricaturistas teníamos que expresarnos y acompañar a nuestros colegas todos unidos para rechazar este infame hecho.

    - ¿Cuáles han sido los grandes maestros internacionales que siempre ha admirado?

    - Quino, Caloi, Serre, Gallego y Rey, son muchos…

    - ¿Qué maestros nacionales siempre están presentes en su cotidianidad?

    - Debo decir que unos mas que otros, por distancia pero están, ha sido muy grato ser amigo y colega de muchos caricaturistas con los que yo crecí viendo sus dibujos, el maestro Osuna es un gran referente para los que hacemos caricatura de opinión, también esta "Vladdo" que intercambia sus opiniones y me aconseja, "Mico" me parece el mejor caricaturista del país, “Chócolo” es un gran caricaturista y amigo, "Alfin" (Álvaro Montoya), "Mheo", todos ellos con sus palabras siempre están presentes, y de último dejo a "Betto" porque la mención es especial a quien debo mucho y siempre será mi maestro, sus regaños, sus consejos, sus palabras, eso lo agradezco porque es una persona que admiro y quiero mucho.

  • Independientemente de la nacionalidad, en una orquesta todos hablamos el mismo idioma: la música

    El trombonista búlgaro Néstor Slavov habla de su experiencia tanto en la Orquesta Filarmónica de Bogotá, como de sus nostalgias por su país lejano. Independientemente de la nacionalidad, en una orquesta todos hablamos el mismo idioma: la música

    Por: Jorge Consuegra (Libros y Letras)


    Néstor Slavov

    Aunque ya se nacionalizó colombiano, no deja sentir una profunda nostalgia por Bulgaria, su país del alma, de piel, de sangre. Ama profundamente a Colombia “el país que me ha dado absolutamente todo”, de la música, de la vida, de su trombón, de cómo nació ese afecto por este instrumento no lo deja ni en sus momentos de deescanso.
    - ¿A que edad decidió que iba a ser músico?
    - Desde los 6 años comencé a tocar violín durante aproximadamente 4 años en mi ciudad natal Sliven. Fue bastante difícil para mí porque quería jugar más. Después dejé el violín y volví a hacerme músico a la edad de 14 años.
    - ¿Qué lo enamoró del trombón?
    - Escuchar los conciertos de la Orquesta Filarmónica y la Ópera de Sofía. Siempre me gustó el sonido del trombón. Era un instrumento noble, con gran potencia. Tiene un sonido que te estremece de emoción. Pero la decisión definitiva la tomé durante un festival, El Orfeo de Oro, que se lleva a cabo cada verano en el Mar Negro. Estaba el Big Band de la Radio de Berlín, y en uno de sus números salió a tocar su trombonista solista, André Paquinet, con un tema popular de la leyenda del trombón Tommy Dorsey. En ésta ocasión le dije a mis padres: “Quiero estudiar trombón”.
    - ¿Si no hubieras sido este instrumento cuál hubiera elegido?
    - Muy difícil responder, pero posiblemente el violoncello.
    - ¿A qué edad ofreció el primer concierto con trombón?
    - A los 15 años, cuando estaba estudiando en la Escuela Media de Música de Sofía. Teníamos la tradición de realizar conciertos semanales. Allí por primera vez participé en una de las presentaciones de la clase de trombón del profesor Pavel Iakovchev, quien fue mi primer maestro de trombón. Un músico excepcional a quien hasta hoy tengo en gran estima y quien hizo mucho por mi desarrollo como músico. En aquella ocasión interpreté por primera vez frente a un público, el concierto para trombón de Friedebald Grafe.
    - ¿Qué es lo que más siente nostalgia de su país?
    - Mi inolvidable infancia, con mi abuelo durante las vacaciones de verano en que salíamos temprano al campo con su carreta y sus caballos. Salíamos de su casa que parecía una de las grandes casas de Villa de Leyva. Íbamos a su finca fuera de la ciudad, donde cultivaban uvas para hacer vino. Había una huerta donde me fascinaba cuidar los sembrados. También tenía cerezos, y cuando llegaba el momento de la cosecha, yo pasaba todo el día arriba en los árboles, comiendo cerezas (al final del día mi mamá me regañaba por las camisas manchadas de jugo de cereza). Las principales ocupaciones de mi abuelo eran los caballos y la producción de vino. Era muy emocionante cuando metían las uvas en los grandes barriles y nos metíamos a pisarlas, un ritual muy lindo. Es una de las cosas que mas extraño.
    - ¿Qué lo enamora de Colombia?
    - Un país que cuenta con todos los climas, desde las cálidas playas del Atlántico y el Pacífico, hasta las blancas cumbres de los nevados; desde la Gran selva Amazónica hasta el desierto de la Guajira; un país al cual Dios le ha dado todo lo imaginable. La calidez de la gente. La cantidad de talento musical que existe en éste país, es lo que me ofrece un gran material de trabajo y desarrollo en mi profesión.
    - ¿Cree que este país ya hace parte de su piel?
    - Si. Ya estoy nacionalizado hace 2 años, lo cual fue un gran orgullo para mí. Colombia se ha vuelto mi segunda patria. Aquí crecieron y se formaron mis 2 hijas, y ya estoy esperando mi primer nieto colombianito.
    - ¿Cuáles han sido sus gratos momentos que ha pasado con la Orquesta Filarmónica de Bogotá?
    - En toda mi carrera en Colombia, ya casi 19 años, uno de los mas gratos momentos fue cuando a la Orquesta le otorgaron el premio Grammy Latino. A pesar de estar nominados nadie imaginaba que íbamos a ganar. Eran hacia las 5 de la tarde cuando llegó la noticia de Houston donde se encontraba nuestra delegación representada por Maria Claudia Parias. Todos nos abrazábamos de la emoción. Una hora después llegaron los altos funcionarios de la Alcaldía de Bogotá para felicitarnos. Nos invitaron al Concejo de Bogotá para brindarnos su agradecimiento, por haber sido un orgullo para la ciudad. No se había oído que el premio hubiera sido otorgado anteriormente a una orquesta. Las emisoras explotaron y se organizó inmediatamente una rueda de prensa. Fue muy emocionante. Otro momento muy grato fue tener el honor de estrenar el primer concierto para Trombón y Gran Orguesta Sinfónica de un compositor colombiano, mi gran amigo y sinigual músico Jorge Humberto Pinzón. Esta era una gran ilusión que se hizo realidad. Igualmente, momentos inolvidables fueron aquellos de los viajes de la Orquesta Filarmónica en grandes escenarios mundiales, como Moscú, donde fuimos invitados por parte de la presidencia de Rusia en el Festival Mundial de las Orquestas. La orquesta Filarmónica de Bogotá representaba no solamente a Colombia sino a todo el continente latinoamericano. Allí ejecutamos una de las más destacadas y difíciles obras del repertorio sinfónico universal (la Quinta Sinfonía de Mahler) y un concierto con obras latinoamericanas. Ambos conciertos fueron muy aplaudidos y las críticas fueron excelentes. Otros grandes escenarios fueron Roma, Pekín, Shangai, Miami, y los más recientes, Lima y Quito.
    - ¿Compartir con músicos de tantas nacionalidades es una buena experiencia para el alma?
    - Por supuesto. La OFB es mi cuarta Orquesta a lo largo de mi carrera de 35 años, precedida por La orquesta de la Opera Nacional de Sofía, la orquesta Sinfónica de Sofía y la orquesta sinfónica de El Cairo. Pero independientemente de la nacionalidad, en una orquesta todos hablamos el mismo idioma: la música. No tiene importancia de dónde viene cada quien. La música es la que une nuestras almas. Se pueden tener músicos de muchos países que no puedan entender lo que hablan entre sí, pero citando a Beethoven: “Allí donde terminan las palabras, comienza la música”.
    - ¿Cómo ha sido su experiencia con la docencia en el conservatorio?
    - Maravillosa. Cuando llegué a Colombia había trombonistas graduados que se podían contar con los dedos de una mano. Ahora ya perdí la cuenta. Estoy muy orgulloso de mi trabajo como profesor, formando y preparando músicos trombonistas. Ya tengo varios trombonistas graduados trabajando en diferentes orquestas y como profesores de trombón que pueden continuar con ésta labor. Quiero destacar mi maravillosa experiencia por la invitación del gran compositor colombiano, el maestro Gustavo Adolfo Parra, con quien soy colega en el Conservatorio Nacional y con quien tuve el honor de grabar en su disco monográfico la hermosa “Fantasía para trombón y piano”. Dicha obra ya está incluida en el pénsum de mis estudiantes y ejecutada por varios de ellos en sus exámenes de grado.
    - ¿A nivel musical cuál es la composición más difícil de interpretar en trombón?
    - Es difícil escoger solo una. Son varios los conciertos exigentes, escritos más que todo por compositores modernos. Hay distintas dificultades: dificultad técnica y dificultad de interpretación. Claro, primero está el talento; segundo es alcanzar la técnica, y una vez desarrollada ésta, hay que comenzar a trabajar en la interpretación. Puedo citar como ejemplo una interpretación de gran dificultad técnica, la grabación del “Invierno” del famoso ciclo de las “Cuatro estaciones” de Antonio Vivaldi, interpretada por el más grande trombonista de nuestra época, Christian Lindberg. Hasta hoy no he sabido de alguien mas que se haya atrevido a hacerlo. Es muy difícil para violín, pero mucho más para trombón.
    - ¿Además de la música, también el cine y la literatura o qué otro pasatiempo?
    - La literatura. Me fascina leer. En mi generación, cuando era joven, leíamos libros. Pero ahora los jóvenes leen las tabletas y los celulares. Para mí, después de la música, no existe mejor forma de pasar el tiempo; y el mejor programa de computador jamás se podrá comparar con la sabiduría de un libro bien escrito.

  • Un mafioso con carisma mediático

    Por: Jorge Gómez Pinilla
    http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/
    @Jorgomezpinilla

    En el caso que hoy nos ocupa, las antenitas de vinilo se encienden en opción Alerta al ver en la edición dominical de El Espectador una entrevista al hijo y sobrino de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, y queda la impresión de haber leído no un artículo periodístico serio sino un publirreportaje para promocionar el libro “No elegí ser el hijo del cartel”, de William Rodríguez Abadía, publicado por Editorial Planeta. 

    Lo de promocionar un libro es lo de menos, la empresa editorial está en su derecho. El conflicto ético se presenta es cuando se sabe que el “personaje” en cuestión fue un temido narcotraficante que heredó a conciencia una buena parte del poder económico e intimidatorio que manejaba el Cartel de Cali. Pero hasta eso se inscribe dentro de lo previsible, si no fuera porque está de por medio la catadura moral de un individuo que se convirtió en Judas de su propia familia y en tal condición –según fuente norteamericana oficial- en marzo de 2006 declaró contra su papá y su tío ante un juez de Miami para obtener rebaja de la pena, frente a unos delitos de los que fue coautor y cómplice: “es muy difícil para mí, su señoría –dijo-, porque se trata de mi padre y mi tío, pero acepto cooperar”.

    Hablo de publirreportaje porque la foto que ocupa todo el espacio visual muestra a un William Rodríguez frente a un lago plácido, con gafas de profesor universitario y una mirada de filántropo que transmite la sensación de que ese hombre no mata ni una mosca, y porque las preguntas fueron en extremo complacientes, como si el periodista quisiera quedar bien con el entrevistado.

    Es cuando a uno se le ocurre averiguar en Google por el entrevistador, de nombre Fabio Posada Rivera, y se descubre que es caleño –vaya coincidencia- y además es el Jefe de Investigación del periódico El País (caleño), lo cual tampoco tendría mayor trascendencia si no fuera porque entre sus entrevistas anteriores aparece una hecha al contralor de Cali, Gilberto Zapata, donde de entrada lo presenta como “un hombre de armas tomar cuando se trata de combatir la corrupción”, o sea que se le nota ahí también su interés en agradar al personaje antes que en cumplir con lo que ordena todo manual de redacción periodística cuando de entrevistas se trata: “mantener distancia crítica con el entrevistado”.

    Es por eso que la entrevista a Rodríguez Abadía suscita tal desconfianza: porque en lugar de distancia crítica se percibe cercanía amigable, la del que no se atreve a preguntar por ejemplo qué se siente haber traicionado al papá y al tío a cambio de un tiempo más reducido en la cárcel, sino que desliza el tema de este modo: “En 2006, una vez decide confesar y negociar con la justicia, pensó que su padre y su tío jamás lo perdonarían”. Y la respuesta de Rodríguez deja ver un alto grado de cinismo: “El único perdón que he buscado ha sido el de Dios (…). Con mi tío no tengo ninguna comunicación, no sé de su vida. Con mi padre me reuní en dos ocasiones, hablamos sobre muchas cosas, pero nunca nos vamos a poner de acuerdo”. En otras palabras, él mismo reconoce que no le han perdonado su traición, pero no se arrepiente de haber sido el Judas de la familia.

    ¿Qué se puede esperar de un individuo que es capaz de vender a su propio padre? Pues lo que se puede esperar, es lo que hoy ocurre: que el hombre adelanta una muy bien calculada campaña de mercadeo y relaciones públicas que comprende en primer lugar la promoción comercial de su libro, en segundo lugar el lavado de su anterior imagen de mafioso, y en tercer lugar echarles más agua sucia de la que ya tienen a los que ya sabemos. Y para ello cuenta con el beneplácito de medios que al parecer se están dejando utilizar por quienes estarían actuando detrás de él con un propósito político nítidamente percibido, orientado a tergiversar la historia.

    Esta columna pretende alertar entonces sobre un sujeto que gracias a su cara de niño bueno ha logrado colarse en las portadas y en los titulares de importantes medios impresos o audiovisuales, pero que en realidad es un títere de fuerzas oscuras que lo utilizan –como ya lo hicieron con alias ‘Rasguño’- para decir lo que les sirve, particularmente sobre el Proceso 8.000, en torno al cual suelta mentiras imposibles de demostrar mezcladas con verdades a medias para confundir a la concurrencia, con base en el libreto que le han dictado.

    ¿Por qué tuvo que esperar 20 años para “revelar” cosas que no se pueden comprobar, y que si fueran verdad las habría comunicado mucho tiempo antes? Elemental, mi querido Watson: porque hoy –no ayer- responde a un entramado político oscuro y reaccionario que lo utiliza para su conveniencia.

    DE REMATE: Noticias Uno mostró un caso en que Orieta Daza le propone a la congresista María Fernanda Cabal que Jorge Pretelt contrate a un periodista porque “si no, a punta de mentiras lo muelen”. En este caso el magistrado está en su derecho de asesorarse de un comunicador que le ayude a divulgar ante los medios sus argumentos de defensa, pues lo cobija la presunción de inocencia. Cosa diferente es que un exconvicto contrate periodistas o reciba apoyo de importantes medios para lavar su imagen y hacerles sonoro eco a “revelaciones” imposibles de probar.